TIEMPO ARGENTINO - B.A
09-11-2014

POR Jorge Dubatti

Línea materna, por el grupo La Faranda, de Salta Poesía de la experimentación en el universo de los títeres
Con catorce espectáculos en su trayectoria, el grupo recibirá el miércoles el Premio Nacional Javier Villafañe y acaba de estrenar Línea materna.

El próximo miércoles 12 de noviembre, a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), el grupo La Faranda, de Salta, recibirá el Premio Nacional Javier Villafañe, que se otorga a la actividad titiritesca de toda la Argentina. La Faranda es uno de los tesoros de la escena salteña, que merece ser conocido y reconocido en el plano nacional e internacional. El grupo estrenó este año un nuevo espectáculo: Línea materna, títeres para adultos (recomendado para mayores de 15 años), recientemente seleccionado en la Fiesta Provincial de Teatro de Salta. Se trata de una valiosa creación experimental, resultado de una profunda investigación, con títeres de mesa, manipulación directa y los titiriteros-actores a la vista del espectador, sobre una mesa móvil que en sus desplazamientos y movimientos angulares permite multiplicar los puntos de vista del público.

La Faranda está integrado por los titiriteros Claudia Peña, Fernando Arancibia, Sofía Lajad, Rocío Lajad y Carolina Sató. El grupo se autodefine como "compañía de teatro independiente e itinerante". Fundado en 1997, trabaja profesionalmente desde enero de 2001. Investiga sobre títeres mecánicos y dramaturgia para adultos y tiene ya en su trayectoria 14 espectáculos, entre los más recientes: De fierro (2006), Fedro y el dragón (2008), Nao (2012), Línea materna (2014).

La historia que cuenta Línea materna, escrita y dirigida por Claudia Peña, es intergeneracional: tres mujeres, abuela, madre e hija, vinculadas por la cotidianeidad minimalista, los afectos y los desencuentros, los desafíos existenciales, las confluencias, divergencias y contrastes. Cada una de ellas encarna un momento distinto de la experiencia vital: adolescencia, adultez, vejez, y de esta manera pueden ser interpretadas como tres mujeres de diferentes generaciones o como la misma mujer en su devenir a través de los años, como en los esquemas alegóricos de las "líneas de la vida" (un buen ejemplo de esa secuencia es el cuadro de Edvard Munch La danza de la vida). En esta familia los hombres están misteriosamente ausentes, y es la mujer adulta la encargada de mantener el hogar y articular la ley matriarcal, sin duda una ley más abierta, menos represiva. Si bien se trata de un espectáculo fecundo en observaciones sobre el universo femenino, su metáfora universal involucra inexorablemente a los hombres: abre tanto la percepción de un feminismo de la diferencia como un feminismo de la igualdad con el varón. Por otro lado, la mujer es también metáfora del hombre, como la Nora de Casa de muñecas. La adolescente se relaciona con el mundo a través del descubrimiento, la fascinación y los temores frente al amor, la sexualidad, el conocimiento del cuerpo; la adulta sufre el peso de las obligaciones, las exigencias, la enajenación en el trabajo, el cansancio y la angustia; la abuela encarna una mirada lúdica sobre el mundo, entre la sabiduría y el regreso al encantamiento de la infancia. Con inteligencia, Línea materna investiga en los "entre", el intercambio de saberes y experiencias entre las tres mujeres: las relaciones abuela-nieta y madre-hija (en su doble inflexión: anciana-adulta y adulta-adolescente). La "línea" adquiere así un sentido de transmisión, legado, comunicación de generación en generación. Abuela, madre y nieta viven un mundo de intimidad en el hogar pero también se conectan con el "afuera": el trabajo, la plaza, los espacios de diversión. Las tres reproducen internamente la imagen de los espectadores cuando contemplan, teatro dentro del teatro, un ambiguo "circo" a la vez fascinante y siniestro, atrayente y perturbador, en el que aparecen los hombres, entre la realidad y la fantasía, y otros modelos femeninos (como la mujer del látigo).Ese circo es el principal dispositivo de visión del mundo, de la sociedad, ofrecido como espectáculo, como teatralidad. El circo articula tanto el espacio íntimo como el público: ¿no es al mismo tiempo una metáfora de la televisión, de Internet, de la Web? Pero también es el ámbito del que surge el varón con el que se relaciona la adolescente.

Uno de los "entre" más efectivos se instala en el diseño de los muñecos, realizado por Fernando Arancibia: los cuerpos de abuela, madre y nieta se parecen, reenvían a la representación arcaica de lo femenino enla Venus prehistórica de Willendorf, mediada a su vez por la referencia a las esculturas de las "gordas" de Pablo Arancibia (reproducidas en los programas de mano y afiches de Línea materna). Como la Venus, las tres están desnudas, no tienen nombre y son voluminosas en sus curvas de goma espuma tallada y tela con pintura acrílica; a diferencia de la Venus, las tres son peladas y tienen rostros, con un evidente "aire de familia", especialmente en la mirada. Son las anti-Barbie, las anti-fashion, La Faranda rompe deliberadamente el estereotipo de la belleza occidental contemporánea en su dimensión más convencional de mercado e investiga en lo desplazado, lo no validado, lo considerado "feo". Los personajes del circo –salvo el hombre que se relaciona con la adolescente– tienen otro diseño: combinan las figuras de papel de los rostros con los cuerpos y accesorios de alambre (de allí la sugerencia de su relación con los signos de la televisión o el mundo digital). Ese contraste de materiales, texturas, volúmenes e incluso sonidos otorga una dinámica estética muy original al lenguaje titiritesco.

Uno de los símbolos más potentes de Línea materna es el de las lonjas de piel que las mujeres arrancan de sus cuerpos. Remiten al dolor de vivir, al agonismo, pero también a la regeneración, al reinventarse, a la capacidad de reconstituirse en los espacios de subjetividad alternativa, el juego y el goce, en la fundación de micropolíticas frente a las reglas sociales. Los jirones de piel tienen, por un lado, la dimensión trágica del desollarse, del tributo obligado de la libra de carne para seguir viviendo, de la existencia como sacrificio, pérdida y degradación, del canibalismo social (el propio pellejo es la carne que devoran los otros); pero también evidencian el renacimiento, la renovación, la deriva de identidad y el paso del tiempo. Implícitamente Línea materna critica toda ilusión de trascendencia en el sufrimiento e invita a regenerarse, retomando a Spinoza, en las pasiones alegres.

Hay otra dimensión de la "línea materna" instalada en el espectáculo: por primera vez La Faranda abre el grupo y forma nuevos manipuladores con el objetivo de continuar la "línea" de la compañía. El título refiere, entonces, a las condiciones de producción, la enunciación se hace enunciado. Las jóvenes titiriteras-actrices Sofía Lajad y Carolina Sató se asimilan y se escinden de los muñecos: manejan los títeres, bailan, actúan, los reproducen con sus cuerpos a otra escala, arman y desarman los ángulos de visión avezadamente. Pero por sobre todo manifiestan con su disciplina y su entusiasmo la promesa de mantener vivo el legado de La Faranda, sin duda uno de los referentes fundamentales en la historia de la renovación titiritesca en la postdictadura nacional.


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EL TRIBUNO- SALTA
01-07-2014

“Línea materna”, un canto al amor y a los códigos familiares

Novedosa y profunda, esta historia nos invita reflexionar sobre nuestra relación con la rama de las mujeres de la familia. A la simpleza escenográfica se suma iluminación y música perfectamente direccionadas.
La técnica de títeres de manipulación directa es, en Salta, relativamente nueva y poco popular. Sin embargo, en las grandes ciudades tiene sus seguidores desde hace tiempo y en Salta la usa el grupo La Faranda para su último trabajo “Línea materna”, que presentó el fin de semana.


“Hemos armado este espectáculo para adolescentes y adultos por el tema y el método con el que se expone frente al público. A partir de cierta edad tenemos la capacidad de abstraer y pasar de la imagen del títere a la del actor sin que ello provoque ruido en el espectador ”, explica Claudia Peña, quien escribió y dirigió la obra con la asistencia de Fernando Arancibia, el dúo que desde hace quince años dedica su vida a este noble oficio.
En este trabajo, dos actrices que manipulan los muñecos también tienen cortas participaciones como parte de la trama general.

La obra
“Es un proyecto para abrir el grupo y formar gente que quiera seguir la línea de La Faranda. Se nos planteó la posibilidad de hacer docencia, pero para quienes van a seguir esta disciplina como parte de su vida. Así también surgió el guión de "Línea materna', una obra para mayores de quince años con esta mezcla de títeres de manipulación directa y dos actrices, que se prepararon durante mucho tiempo para lograr la destreza necesaria”, explica Fernando Arancibia minutos antes de presenciar la obra junto a Claudia ya que, esta vez, fueron espectadores, se mezclaron con el público y aplaudieron con él.

Adultos y títeres

La relación de los mayores con los títeres es muy llamativa. Probablemente por los recuerdos de la infancia o porque llevan a sus hijos a disfrutar de las obras, lo cierto es que entre los adultos tienen una alta aceptación. Curiosamente, cuando La Faranda presentó para todo público “Fedro y el dragón”, tuvo en las últimas funciones prácticamente solo mayores entre sus espectadores.

“Estamos acostumbrados a lo tradicional en el arte escénico. Y tomo la frase de Albert Einstein cuando decía que "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio' para referirme al teatro. Tenemos aún arraigado el concepto antiguo de escenario, escenografía y desarrollo general de una obra, pero hoy se prescinde de mucho de aquello y se plantean historias más libres y limpias de entorno”, señala Arancibia para referirse al estilo en este último trabajo.

Tres mujeres, tres generaciones

Claudia Peña escribió esta historia para mostrar, de esta forma tan peculiar, la transmisión de un modo de vivir y relacionarse familiarmente. Tres mujeres y tres edades: la abuela, la madre y la hija. La interacción entre ellas en las cosas cotidianas, en el esfuerzo y las angustias; la sabiduría de la vejez y el descubrimiento de sí misma y del otro en el camino hacia la madurez de la joven.

“Esta es una obra propia, con texto que escribí completamente y apoyo en la dramaturgia de las actrices Carolina Sató y Sofía Lajad, que manipulan los muñecos. Lo mismo ocurrió con Cuestión de ingenio y Nao”, explica Peña.

“Este tema siempre me afligió y quienes hacemos trabajos artísticos buscamos compartir lo que nos pasa, relacionarnos con el otro no directamente sino en una forma sutil, casi sobrenatural. En esta obra hay una mirada sobre la vida, lo femenino, la exigencia que tiene la mujer de la que no puede soltarse y tomarse unos minutos para reir, para reparar en otras cosas. No sé si el argumento quedó muy bien, pero sí es absolutamente honesto”, concluye.

Una trama para identificarse y reflexionar

La obra se repondrá todos los sábados de julio, a las 21, en la Asociación de Actores, Alvarado 149.

Con “Línea materna” es inevitable mirarse a sí misma, mirar hacia adentro de nuestra propia historia familiar.

En la trama que pensó la autora (Claudia Peña), tejió ese matriarcado que nos es tan propio, fuerte y poderoso, que se va transmitiendo entre generaciones con el claro rol de la mujer madre-padre, proveedora y custodia. La mujer de mediana edad que lleva el mayor peso, sus angustias y responsabilidades. Detrás, su propia madre y a la vez abuela de la hija, cada una con los sentimientos propios de cada etapa de la vida.

No tienen nombres ni cabellos ni ropa y solo zapatos la abuela; son “gorditas”, son normales, son mujeres reales. Pero no importa. Porque el peso de la historia está en su esencia: el hilo que une a las madres con las hijas y los códigos que nos marcarán para siempre.

El libro pretende romper los prejuicios no solo por esa particular mezcla de títeres manipulados a la vista de todos y la actuación de las actrices que les ponen el movimiento, la voz, el sentimiento, además de breves intervenciones como parte de un todo. Rompe el prejuicio del espectador porque, al terminar la función nadie se movió de su silla y buscó el diálogo con los autores para ahondar en el tema y expresar la identificación.

Una historia que, de alguna forma y con el eje en el amor, nos pertenece a todos.


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ARTENAUTAS- SALTA
Julio de 2014. AÑO XIV, Nº 413

Otra vez La Faranda se luce en escena, con una obra diferente, con títeres de manipulación directa, para adultos. Con una historia sencilla y profunda sobre mujeres, tres mujeres de una misma familia.

Solo que esta vez, La Faranda presenta en la interpretación a dos actrices titiriteras: Carolina Sató y Sofía Lajad. Claro, siempre bajo el ala protectora de Claudia Peña en dramaturgia y dirección y Fernando Arancibia, en la elaboración de los títeres, alma y cuerpo de un grupo que ha renovado la escena local, año tras año, con obras magníficas, de cuidado trabajo general.

“Linea Materna” es una historia sencilla, “fragmentos de la cotidianidad de tres mujeres de la misma familia. Las angustias y los mandatos que atraviesan las tareas diarias... y las generaciones.

Tal vez se puedan encontrar maneras de soltarse un poco, dejar más espacio para la ternura, reconocer y aprovechar los instantes de felicidad... Tal vez...”

Charlamos con Claudia Peña, luego del estreno que recibió muy buenas críticas y también la mirada crítica de algunos hombres que se sintieron excluidos...

¿Cómo fue el proceso de escritura de “Línea materna”?

- El tema es la relación entre las mujeres de la misma familia. Cómo vamos pasando “formas” y “códigos” de generación en generación. El tema siempre me rondó. Yo, como muchas mujeres de mi generación (Tengo 52), tuve una madre sufriente (más allá de si estaba justificada o no) y a mí, como niña alguna vez y como mujer más adelante, me hubiera gustado verla reír más. Era tan linda y joven cuando se reía... Me hubiera encantado verla más relajada, más distendida, más dispuesta a disfrutar, a jugar, a soltarse. Estoy hablando del ámbito familiar exclusivamente, ese cerco donde la madre debe educar y “mantener la forma”. Donde muchas de nosotras pensamos que hay que ser seria, decente, rigurosa.Y sufrir, mucha alegría despierta sospechas... Siempre me pareció que se podía zafar de “repetir la misma historia”. Me empeñé en hacerlo y no soy yo la que puede decir si lo conseguí o no. Yo también, a veces, me dejo seducir por la protección que da el sufrimiento,¿no? Esta inquietud personal me llevó a plantear el tema en una beca de dramaturgia que tomé con el dramaturgo tucumano Martín Giner. Desde luego, ese fue el punto de partida, lo demás es ficción, espero... Una vez escrita la obra, pasó mucho tiempo hasta que acordé con Carolina y Sofía (las intérpretes) para llevar a cabo la puesta en escena. Comenzamos hace unos dos años a trabajar e investigar en técnicas de manipulación e interpretación de objetos y títeres, ya que ellas vienen del teatro de actores. Luego, fuimos avanzando en secuencia de acciones e improvisaciones con base en la idea original de “Línea Materna” (que estaba concebida para tres manipuladores) y así, con disciplina y constancia, conseguimos adaptarla para dos intérpretes y enriquecer la dramaturgia. En esto último, fueron fundamentales los aportes de Carolina y Sofía.

¿Cómo se maneja lo privado y lo público en lo artístico, en el sentido de que ya trabajan en pareja y ahora se suma tu hija?

-Y no sólo Sofía. Rocío, mi hija menor, también intervino: en la preparación física y las coreografías. Lo manejamos como siempre: el trabajo es el trabajo. En ese ámbito somos compañeros y lo principal es trabajar seriamente y en equipo, manteniendo un clima adecuado que beneficie el resultado final. Lo personal, lo familiar, queda para otros espacios y otros horarios. Con Fernando, eso lo tenemos muy bien aprendido. ¡Con decirte que muchas veces nos preguntan si somos hermanos!

¿Qué rol cumplió Fernando, aportó como siempre su maestría en construcción, detalles u otros?

Fernando es la columna vertebral de La Faranda. Diseñó, construyó, iluminó (en todo sentido), musicalizó. Fue un asistente de dirección magnífico, con aportes acertados y precisos. Fue, desde luego, la mirada más externa y objetiva. Siempre bien dispuesto. Nos ayudó, nos alentó, nos tuvo paciencia. Apoyó el proyecto desde que yo viajaba a Tucumán a tomar clases con Giner. Y es nuestro primer “fan”.

Otro desafío de La Faranda, esta vez para adultos. Puede verse todos los sábados de julio a las 22 hs en + Sala “Mitad del Pasillo” de la Asociación. Argentina de Actores Delegación Salta, Alvarado 149 (pasillo interno, al medio) todos los sábados de julio, a las 22 hs. (Espectáculo para mayores de 15 años).


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SALTA21
Domingo 29 de junio de 2014, por Romina Chávez Dí­az

Madre-abuela-hija y un ritual de pequeñas deidades que circulan por ambientes cotidianos. Hay algo del realismo mágico en la dramaturgia de Claudia Peña. Los títeres son representaciones míticas de mujeres corrientes en sus quehaceres, en sus padeceres y en la herencia dramática del vínculo.

“Línea materna” es una obra de simbologías en la que lo extraño se vuelve normal. Las mujeres pagan un tributo que aparece simbolizado en un elemento carnal: el pellejo. Perder la piel es la metáfora del dolor, del pago a la vida que a su vez se plantea en la rutina del trabajo, las enfermedades de la vejez, la primera menarca, la soledad y la desilusión. Las transiciones son dolorosas.

En el cuerpo de las mujeres con aire de esculturas indígenas, panzonas y regordetas, se simboliza el paso del tiempo, la fecundidad, la vida y la muerte. No aparece la belleza como virtud, no es un atributo físico de valor, muy por el contrario; se realza la fealdad como una crítica a la Barbie imperialista, modelo impuesto comercialmente. Desde este punto de vista, hay un hallazgo cualitativo en la puesta. Y desde esta visión “naturalizada” de la fealdad, hay una búsqueda del efecto de realidad que provoca esta imagen, sin photoshop. No por nada ellas están desnudas. Y la abuela, es la única que usa zapatitos rojos, otro símbolo que esta vez asesta en la sexualidad, pero en la pérdida de la sensualidad que no quiere ser enterrada, sí al menos recordada como signo de vida. Es una variante del juego. Es la negación de la muerte. La abuela se niega a dejar de ser una mujer vital. No quiere dejar de ser, mucho menos quiere dejar de ser mujer. Esa es la cualidad que ninguna de ellas pierde. Sus generaciones son matriarcales. Pero cuando la hija llora por el varón, rompe la tradición y el matriarcado existe por apropiación “ilegítima” de la necesidad de supervivencia ante ausencia de varón y no por derecho propio. La abuela condensa la sabiduría y le da consejos a su nieta. La madre, personaje que lleva la carga pesada del hogar, no quiere ser alivianada, porque el mandato es el sufrimiento. Pero la hija le “enseña” que eso, no es ley. El matriarcado o línea materna, es una cuestión de actitud.

Aquí, sobre el tablero, las piezas están colocadas de otra manera. La figura del varón es de otro cuento. Es un bufón. Responde al ideal de belleza impuesto, se somete a la “domadora” de circo, no piensa y encarna su propia comedia.

El trabajo técnico se visibiliza claramente en la sincrónica manipulación de los títeres por parte de Sofía Lajad y Carolina Sató (dirigidas por Claudia Peña), encargadas de dar vida a sus personajes; en la miniaturización del complejo lumínico; en la cuestión escenográfica y en los detalles sutiles de la construcción de mecanismos (méritos de Fernando Arancibia). El montaje es particular. Reproduce el ciclo vital femenino perfectamente encajado en una línea espacial. La casa, el circo y el parque cobran la misma dimensión.

Las titiriteras en sus intervenciones como personajes, se muestran inexpresivas, como si todo aconteciera en un laboratorio. Forman parte del mundo mítico, un territorio que nunca deja de ser femenino. Lo racional supera a lo emotivo y el lugar de lo sensorial, es ocupado por lo visual.

Los geniecillos de La Faranda esta vez sorprenden con una dramaturgia que ancla en la singularización de los personajes y en la búsqueda de nuevos horizontes que muestran el arte desde otro lugar, plurisignificativo, alejado de puestas tradicionales. La historia que se presenta sencilla en apariencia, reviste la complejidad del tratamiento y se enmarca en un trabajo de mayores exigencias intelectuales. Profundo. Notable. Original.